domingo 4 de marzo de 2012

martes 21 de febrero de 2012

Mario Levrero sobre la conexión con uno mismo:

Hoy me desperté con una marcada sensación de disgusto conmigo mismo. Este disgusto tiene que ver, según he podido percibir, con el hecho de llevar ya demasiado tiempo -demasiados años- viviendo fuera de mí mismo, ocupándome de cosas que suceden fuera de manera exclusiva. Y, de todos modos, cuando en algunas oportunidades he logrado llevar la mirada hacia adentro, no me he conectado con las partes más sustanciales de mí mismo, sino con los aspectos más triviales, "subconcientes". ¿Qué se ha hecho de mi alma? ¿Por dónde andará? Hace un rato le decía a Alicia que me sentía mal porque hace mucho no me conecto con la eternidad. Esto quiere decir que percibo las cosas superficialmente, que no tengo vivencias, que estoy apartado del Ser Interior; demasiado apartado, y sin tener la menor noción de los caminos posibles para acercarme. No importa qué es lo que se está viviendo cuando uno está apartado de Sí Mismo; todo carece igualmente de peso, todo transcurre sin dejar ninguna huella memorable.
La causa de todo no está, como a menudo tiendo a creer, en los reclamos del mundo exterior, sino en mi apego, o mi compromiso, con estos reclamos.
Debo seguir pensando en esto.

lunes 20 de febrero de 2012

De otra II


No sé por qué me dan más vergüenza mis textos que mis dibujos de juventud.


Me sorprende descubrir que mis pensamientos rondaban los mismos lugares.


Y que mis preguntas siguen siendo más o menos las mismas.


Y que esa era yo, dibujando y escribiendo. Me sorprende que hoy sigo queriendo dibujar y escribir y siento que no puedo hacerlo. ¿No puedo hacerlo? Pero si lo hacía a los doce, a los quince. Dibujé algo a los veinte y escribí bastante a los treinta. Documentales, cortometrajes, guiones, cuentos, diarios, este blog. Escribir, escribí.

Pero "dibujar y escribir" para mí siempre significó futuro: lo que voy a hacer cuando sea grande, lo que iba a hacer cuando fuese como soy. Siempre un misterio, una incógnita, un ideal, un proyecto lejano. Nada de lo que haya dibujado o escrito tiene que ver con ese "dibujar y escribir" que soñé de chica. Eso era otra cosa. ¿O será lo mismo?

¿Cómo será mi vida?

sábado 18 de febrero de 2012

Paul Auster sobre la herida original:

Creo que alguien se convierte en artista, particularmente en escritor, porque no está del todo integrado. Algo está mal en nosotros, sufrimos por algo, es como si el mundo no fuera suficiente, entonces sentís que tenés que crear cosas e incorporarlas al mundo. Una persona saludable estaría contenta con tomar la vida como viene y disfrutar la belleza de estar vivo... no se tiene que preocupar por crear nada. Alcanza con hacer un trabajo interesante, amar a alguien, comer buena comida, vivir todo lo que se pueda, morir. Esa parece una linda forma de vivir. Otros, como yo, estamos atormentados, tenemos una enfermedad, y la única manera de soportarla es haciendo arte. Es decir, si estoy haciendo esto, es porque algo está mal. ¿Qué es lo que está mal? Difícil decirlo porque estas heridas se producen cuando sos muy joven.
(Paul Auster, en Ñ)

viernes 17 de febrero de 2012

Kristóf sobre la guerra:

Y de repente comprende: La guerra empieza cuando los seres humanos, en todo el mundo, están sentados en sus casas, hablando de sus preocupaciones diarias, y de pronto alguien pronuncia la palabra "guerra". Los demás entonces no pueden callar, no pueden mirar en silencio al vacío, aterrados, sino que se ven obligados a responder con naturalidad, repitiendo la palabra "guerra". Y se ponen a hablar de la guerra, de si es posible y de cómo será, y dónde, y cuándo. Así es como empieza la guerra. Kristóf lo comprende de golpe. En algún lugar lejano, en un lugar invisible, estalla la guerra; por descontado, primero estalla en el alma de los seres humanos, y para cuando se manifiesta en los campos de batalla, en los muertos, los heridos, los cañones, las casas en ruinas y las columnas de humo, la gente ya se ha acostumbrado a ella.

jueves 16 de febrero de 2012

Vivir

Si entraron a este blog el lunes, leyeron el cartel que informaba: “Este blog ha sido eliminado”. Cuando yo lo vi me puse a llorar, sentía que se me había muerto alguien. Y desde el lunes quiero escribir acá lo que pasó el lunes pero no me animaba, todavía tenía miedo, no sabía si seguir alimentando este espacio que al parecer puede desaparecer en cualquier momento como por arte de magia, puf.

Todo empezó con una de esas pantallas de Google que te piden la actualización de tus datos. En este caso me pedía la fecha de mi nacimiento y me preguntaba si yo era hombre o mujer. Por rebeldía anti-adolescente (supongo que en estas épocas una adolescente no hubiese dudado en informar lo joven y mujer que era) quise saltear la maldita pantalla. Pero no, volvía a aparecer como un niño que no te deja en paz hasta que le compres caramelos.

Cedí y puse que soy mujer; pero en la fecha de nacimiento no, ahí puse 1-1-2012. ¿A quién le interesa? ¿No es acaso Internet una gran nube difusa en dónde mujeres se hacen pasar por hombres y hombres por chicos y todos hablan con todos y se puede decir lo que uno quiera total nadie te ve o se entera? Automáticamente Google me retrucó que la fecha de mi nacimiento parecía ser incorrecta. Sin pensarlo me retracté y puse 1-1-2000.

¿2000? ¡Usted no es mayor de edad! ¿Por quién me toma?, me gritó un juez virtual y me condenó automáticamente: bloqueo de email y muerte al blog. Así, en un segundo, me borró del mundo virtual. Chau, hasta nunca, a usted nadie la conoce. Para tranquilizarme, salí a caminar por la calle. Pensaba que quizás un reseteo general no me venía tan mal, por algo pasaba lo que pasaba, y lo mejor es lo que pasa, me dice siempre una amiga.

¿Por qué no? Habiendo desaparecido este blog, no me quedaba otra que dedicarme a escribir los cuentos y los guiones que me esperan pacientes e incompletos. Pero a pesar de mi optimismo negador me sentía muy rara, era algo así como caminar en una de las dos dimensiones que existían, estaba en la calle, con la panadera y el colectivero, pero ya no existía allá, en dónde están todos, en dónde me pueden encontrar en cualquier momento y yo me puedo comunicar con quien quiera, la Matrix.

Volví a casa decidida a recuperar mi otra identidad. Para devolverme mi blog y mi cuenta, Google me exigió una copia de mi pasaporte y el pago de treinta centavos de dólar a través de una tarjeta de crédito. En ese momento, les hubiese revelado mis secretos más íntimos y me dí cuenta de que me tenían agarrada. Todo había empezado porque yo no había querido decirles cuándo nací y ahora sabían hasta mi grupo sanguíneo. Les había dado todo para que ellos me devolviesen lo que antes era mio.

Cuando volvió T. le conté lo que me había pasado, la angustia por mis lectores, que antes de pagar había ido en persona a las oficinas de Google argentina y que no me habían querido ni abrir la puerta. ¿Existirá Google en esta dimensión? Lloré miedos y paranoias, ahora sabían todo de mí, mi teléfono, mi edad, el nombre de mi madre y hasta dónde vivía. T. me miró tranquilo, con compasión. Agarró el ipad y giró la pantalla mostrándome el radar que apuntaba insistente la calle en donde vivimos: usted está aquí, usted está aquí. Lo saben todo, me dijo, dónde estamos, qué comemos, con quién nos acostamos. El tema es que no les interesa.

Antes de irme a dormir, como esas madres que pasan a ver si el bebé respira, volví a corroborar que este blog existía. Y sí, ahí estaba, de lo más panchito. Lo miré con miedo, ya no era seguro, no era hermético, no era algo que yo controlaba. Respiraba, sí, y lo tenía enfrente, pero ahora yo sabía que podía desaparecer en cualquier momento, cuando Google dictaminara que ya fue suficiente, que hasta acá llegamos. Toda vida contiene su propia muerte. El blog estaba más vivo que nunca, y latía, como la flor que regamos todos los días, como los hijos. Por eso hoy, al fin, pude vencer el miedo y escribir acá lo del lunes. Qué bello es vivir.

martes 14 de febrero de 2012