domingo, 17 de diciembre de 2017

En busca del tiempo perdido - Tomo 1 - Por el camino de Swann


Cuando un hombre esta durmiendo tiene en torno suyo, como un aro, el hilo de las horas, el orden de los años y de los mundos.

Sospechaba yo que a Francisca le parecería tan imposible dar un recado a mi madre cuando había gente de fuera, como al portero de un teatro llevar una carta a un actor cuando está en escena.

Y cada vez esa cobardía que nos aparta de todo trabajo dificultoso y de toda obra importante.

Porque creer que una persona participa de una vida incógnita cuyas puertas nos abriría su cariño, es todo lo que exige el amor para brotar, lo que más estima y aquello por lo que cede todo lo demás. Hasta las mujeres que sostienen que no juzgan a un hombre por su físico ven en ese físico la emanación de una vida especial.

… esa veneración que siempre guardamos a los que poseen sin freno alguno la posibilidad de hacernos daño.

La idea feliz del novelista es sustituir esas partes impenetrables para el alma por una cantidad equivalente de partes inmateriales, es decir, asimilables para nuestro espíritu.

Qué agradable debe ser tener una persona así, que le puede dar a uno en su casa esa cosa tan rara que es un buen té.

La mayoría de las personas que conocemos no nos inspiran más que indiferencia; de modo que cuando en un ser depositamos grandes posibilidades de pena o de alegría para nuestro corazón, se nos figura que pertenece a otro mundo, se envuelve en poesía, convierte nuestra vida en una gran llanura donde nosotros no apreciamos más que la distancia que de él nos separa.

Las naturalezas un poco nerviosas, como era la mía, tienen a su disposición, para recorrer los días, “velocidades” diferentes como los automóviles. Hay días montuosos, difíciles, y tardamos mucho en trepar por ellos; y hay otros cuesta abajo, por donde podemos bajar a toda marcha, cantando.

…Y es que cuando se quiere a una persona, ya no se quiere a nadie.

(Fragmentos del Tomo 1 de "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust)