domingo, 19 de marzo de 2017

El cine, la vida y los sueños:

"Su rostro se me iba desdibujando, se me iba borrando como el de una actriz que ha dejado de hacer cine por mucho tiempo. Lo otro que me ocurría era que, de tanto ver y contar películas, muchas veces las barajaba con la realidad. Me costaba recordar si tal cosa la había vivido o la había visto proyectada en la pantalla. O si la había soñado. Porque sucedía que hasta mis propios sueños los confundía después con escenas de películas."



domingo, 12 de marzo de 2017

Juliet sobre el suéter de su hermana:

-Sí. Claro. Es el suéter de Cressida: el de las rayas blancas y negras -Juliet hablaba despacio, reflexionando-. Si lo miras más de cerca, se ven las rayas. Fue mío, pero se lo di a Cressida. O mi hermana se quedó con él. A mí me estaba pequeño. Estoy segura. Es de Cressida. No hay la menor duda, detective: es el suéter de mi hermana, el que llevaba la noche que la perdimos.


(Fragmento de "Carthage", de Joyce Carol Oates)

sábado, 11 de marzo de 2017

No soy Lucrecia Martel

Por fin terminé un documental que estuve haciendo durante más de dos años. Sólo los que hacen películas, y los que están cerca de ellos, saben el trabajo y el compromiso que implica hacer una. Es una tarea titánica, una carrera de fondo. La película hay que desearla mucho, sostenerla y defenderla adentro de uno durante años, contra viento y marea.

Cuando tuve la idea de este proyecto convoqué a una productora conocida, amiga de amigos, que me parecía la persona indicada. Nos mandamos varios mails de intercambio de ideas hasta que finalmente nos juntamos en mi casa para formalizar un poco la cosa. Esa reunión, lejos de ser la asociación exitosa y cariñosa que yo esperaba, fue la peor reunión que tuve en mi vida.

Nos sentamos las dos en la mesa, hice café y había algunas cosas para comer. Dos mujeres, muy cinéfilas las dos, hablando de hacer un documental sobre señoras jubiladas que van al cine todos los días. Parecía que nada podía salir mal y así empezamos, tratando de entendernos. Le conté la idea que, a pesar de que le gustaba mucho, empezó a cuestionar con la excusa de representar al “abogado del diablo”.

Me esforcé por explicar motivaciones que ni yo misma entendía, intentando justificar mis ideas. Parecía que, aunque ni siquiera habíamos empezado a trabajar, yo ya le debía algo. Le debía coherencia, le debía saber los porqués, los cuándo, dóndes y cómos. Le debía lucidez, claridad, certezas. Ella, recostada sobre la silla, me miraba con el mentón elevado, asentía con la cabeza y se reía con los ojos.

Así habremos estado durante casi dos horas. Una acusada declarando frente a una jueza implacable. Cuando me cansé y me quedé callada fue su turno. Ahí se acodó sobre la mesa, base sólida para su veredicto. Después de palmear al diablo en la espalda, me miró fijo, todavía con la sonrisa irónica instalada en la cara y me informó: “¿Pero vos te creés que es fácil? Vos no sos Lucrecia Martel”.

Lo dijo como revelando un secreto que yo no sabía. “No soy Lucrecia Martel”, pensé. No soy esa directora que admiro, que logró hacer varias películas, todas buenas. La productora siguió hablando mientras yo pensaba en Lucrecia Martel, en el referente en que se había convertido. Lucrecia Martel, que con su primera película, “La ciénaga”, nos partió la cabeza a todos. Lucrecia Martel, sinónimo del mejor cine de autor argentino. Lucrecia Martel, sinónimo de directora que logra que sus películas se hagan.

La despedí con una sonrisa, más impostada que la suya, y la productora se fue de mi casa dejando atrás uno de esos vacíos que abrazan. Fui directo a la computadora y le mandé un mail agradeciéndole mucho por el encuentro pero aclarándole que lo nuestro no iba a funcionar porque creía que no éramos compatibles. Ella respondió cordial y ahí quedó todo, en el olvido, menos esa frase: “vos no sos Lucrecia Martel”.

Esa frase me acompañó y me guió durante todo el trabajo que hice en “Cinéphilas”. Esa frase fue motor, la puerta abierta que condujo a la pequeña luz al final de un túnel oscuro. “Vos no sos Lucrecia Martel”, pero Lucrecia Martel camina al lado tuyo, y de otras. Caminamos juntas esa ruta de amor que es hacer cine. Unas van adelante, Lucrecia Martel es una de ellas. Otras vamos atrás, algunas corren y van muy rápido, las admiro.

¿A quién hubiese nombrado si yo hubiese sido un hombre? “Vos no sos Leonardo Favio”, “Vos no sos Campanella”, “Vos no sos Sorín, Taratuto, Mitre”. ¿A quién hubiese nombrado? La verdad es que no sé, hay muchos directores hombres que me podría haber nombrado. Hacer una película es una tarea muy difícil pero hacer una película siendo mujer es mucho más. Así que, mujeres, apoyemos a las mujeres que quieren hacer cine, que las piedras en el camino sobran.

domingo, 5 de febrero de 2017

La teoría de King Kong

Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.

Camille Paglia es, sin duda, las más controvertida de todas las feministas americanas. Propone pensar la violación como un riesgo inevitable, inherente a nuestra condición femenina. Una libertad increíble de des-dramatización. Sí, habíamos salido afuera, a un espacio que no era el nuestro. Sí, habíamos sobrevivido en lugar de haber muerto. Sí, estábamos en minifalda solas sin un tío que nos acompañara, de noche, sí, habíamos sido idiotas, y débiles como las niñas aprenden a serlo cuando las agreden. Sí, eso nos había ocurrido a nosotras, pero por primera vez comprendíamos lo que habíamos hecho: habíamos salido de casa, porque en casa de mamá y papá no pasaba nada interesante . Habíamos corrido el riesgo, habíamos pagado el precio, y más que sentir vergüenza por estar vivas podíamos decidir levantarnos y recuperarnos lo mejor posible.

Sé que lo que hacen todas esas chicas solas con sus clítoris no es asunto mío, pero su indiferencia frente a la masturbación me perturba: ¿Cuándo se conectan las mujeres con sus propias fantasías, si no se tocan cuando están solas? ¿Saben lo que les excita realmente? ¿Y si no se sabe eso sobre una misma, qué se sabe exactamente de sí? ¿Cuál es el contacto que una establece consigo misma cuando su sexo está sistemáticamente bajo el poder del otro?


viernes, 3 de febrero de 2017

ESTACION RETIRO

¿De qué hablan? ¿Qué buscan? ¿Qué escriben? ¿Adónde van? ¿Qué temen? ¿Qué sueñan? ¿Qué comieron? ¿Quién los ama? ¿Qué fue lo más duro que les pasó? ¿Tienen mascotas? ¿Qué los hace feliz? ¿Cuándo van a morir? ¿Cuándo fue la última vez que lloraron? ¿Qué intentan hacer? ¿Cuál fue su mayor logro? ¿Qué les duele? ¿Cómo lavan y planchan su ropa? ¿Dónde viven y con quién? ¿Qué esperan? ¿De qué se ríen? ¿Cuántas horas durmieron ayer? ¿Qué cenarán hoy? ¿Cómo son sus sábanas, sus toallas? ¿Qué perdieron? ¿A qué son alérgicos? ¿De que tienen miedo? ¿Viven sus padres? ¿Tienen amigos, hermanos? ¿Usan perfume? ¿Saben nadar?