domingo, 8 de julio de 2018

La ciudad blanca

"Por allí llevaba pasando gente desde hacía más de cien años. Quizá se hubieran visto ante algo tan impredecible como ella. Todo había existido antes."

"Al otro lado de la ventana se mecían los pinos, y la nieve caía en grandes copos esponjosos que se posaban formando una gruesa capa sobre el alféizar de las ventanas. Se puso la mano en la barriga y pensó en la preocupación como un bloque de hielo, tal y como había aprendido, y en cada suspiro como en agua que lo bañaba. Se imaginó cómo todo lo congelado que tenía en su interior terminaría por descongelarse. La fuerza del agua caliente para descomponer los cristales de hielo y convertirlos en nada."

"El miedo no es un conjuro que funcione, sino un malestar nacido del cálculo del riesgo. No es verdad que aquello que más nos preocupa no vaya a suceder. Al contrario: es muy probable que suceda."

"Pensó que era un recurso, tener un hijo. Que quizás le permitiera sentir felicidad cuando no hubiera nada más de lo que alegrarse."

"
(Fragmentos de "La ciudad blanca", de Carolina Ramqvist)

miércoles, 4 de abril de 2018

La azotea

Fingí estar tranquila pero la espalda se me puso rígida y sentí un tirón en la nuca, como si se me hubiera formado un coágulo de pensamientos y de palabras. Le habría querido decir a papá que el mundo se hundía, que nosotros éramos el único mundo posible y que, de todas formas, terminaría por odiarlo. Pero me salió otra cosa, incontrolable y llena de furia:
-No hay rambla ni plaza ni iglesia ni nada. El mundo es esta casa.

(Fragmento de "La azotea", de Fernanda Trías)


domingo, 17 de diciembre de 2017

En busca del tiempo perdido - Tomo 1 - Por el camino de Swann


Cuando un hombre esta durmiendo tiene en torno suyo, como un aro, el hilo de las horas, el orden de los años y de los mundos.

Sospechaba yo que a Francisca le parecería tan imposible dar un recado a mi madre cuando había gente de fuera, como al portero de un teatro llevar una carta a un actor cuando está en escena.

Y cada vez esa cobardía que nos aparta de todo trabajo dificultoso y de toda obra importante.

Porque creer que una persona participa de una vida incógnita cuyas puertas nos abriría su cariño, es todo lo que exige el amor para brotar, lo que más estima y aquello por lo que cede todo lo demás. Hasta las mujeres que sostienen que no juzgan a un hombre por su físico ven en ese físico la emanación de una vida especial.

… esa veneración que siempre guardamos a los que poseen sin freno alguno la posibilidad de hacernos daño.

La idea feliz del novelista es sustituir esas partes impenetrables para el alma por una cantidad equivalente de partes inmateriales, es decir, asimilables para nuestro espíritu.

Qué agradable debe ser tener una persona así, que le puede dar a uno en su casa esa cosa tan rara que es un buen té.

La mayoría de las personas que conocemos no nos inspiran más que indiferencia; de modo que cuando en un ser depositamos grandes posibilidades de pena o de alegría para nuestro corazón, se nos figura que pertenece a otro mundo, se envuelve en poesía, convierte nuestra vida en una gran llanura donde nosotros no apreciamos más que la distancia que de él nos separa.

Las naturalezas un poco nerviosas, como era la mía, tienen a su disposición, para recorrer los días, “velocidades” diferentes como los automóviles. Hay días montuosos, difíciles, y tardamos mucho en trepar por ellos; y hay otros cuesta abajo, por donde podemos bajar a toda marcha, cantando.

…Y es que cuando se quiere a una persona, ya no se quiere a nadie.

(Fragmentos del Tomo 1 de "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust)