domingo, 2 de julio de 2017

Cómo se hace una chica

De momento, el único plan que tengo es escribir. Sé escribir, porque escribir (a diferencia de la coreografía, la arquitectura o conquistar reinos) es algo que puedes hacer aunque seas pobre y estés solo y no tengas infraestructura (una compañía de ballet o unos cañones, por ejemplo). Los pobres pueden escribir. Es de las pocas cosas que la pobreza, y la falta de contactos, no puede impedirte hacer.

La ira sólo es miedo que ha alcanzado el punto de ebullición-
Y lo que pasa con las personas cuando tienen miedo es que si les pides consejo, sobre el tema que sea, sólo saben decirte una cosa: "Corre".

Voy en avión. ¡Voy en avión! ¡VOY EN AVIÓN! Nunca había ido en avión. Evidentemente no se lo voy a decir a Ed Edwards (Ed Edwards, el responsable de prensa del sello discográfico del legendario dipsómano galés John Kite). No quiero que se compadezca de mí. No quiero que vea cómo soy cuando hago algo por primera vez. No quiero que nadie me vea cambiar. Mis cambios los haré en privado. En público soy, siempre, el producto acabado. La persona correcta, en el lugar correcto. He dejado una crisálida colgada en mi cuarto, a oscuras.


(Fragmentos de "Cómo se hace una chica", de Caitlin Moran)

lunes, 29 de mayo de 2017

Alberto Ure sobre la violencia:

Me reprochan la violencia de mis puestas en escena pero yo no las puedo imaginar de otro modo: me crié en una familia donde cada almuerzo, cada Navidad eran peor que todo lo que pueda hacer hoy en el escenario. Y, sin embargo, nos queríamos mucho. Por lo demás, ¿de qué violencia me hablan? ¿De jugar a que una herida duele?


jueves, 25 de mayo de 2017

Las películas y el cine: Netflix vs. Cannes

Por estos días, cuando leo algo acerca de la polémica del Festival de Cannes y Netflix, no puedo dejar de pensar en los personajes de un documental que hice sobre mujeres jubiladas que van al cine todos los días: “Las cinéphilas”. Señoras que tienen más de ochenta años, algunas con dificultades para caminar y, sin embargo, cada tarde se visten, se maquillan, salen de sus casas y recorren la distancia que las separa de la sala de cine.

El cine para ellas es una cita. Un lugar al que van a refugiarse del frío en invierno y a disfrutar del aire acondicionado gratis en verano. Comentan las películas con otra gente, aunque sólo sean dos frases mientras se arreglan la pollera en el baño. Van al cine desde chiquitas, las llevaba su padre o su tía, iban con sus amigos, a la matiné, a ver dos películas seguidas los domingos. Algunas no tienen celular, mucho menos tienen Netflix. Para ellas, las películas y el cine son lo mismo.

Pero para mí, y para el resto de la gente que tiene acceso a la tecnología, el cine y las películas se transformaron en dos cosas muy distintas. Está claro que las películas van a existir siempre, no están en riesgo de extinción, al contrario, cada vez hay más dispositivos dónde podemos verlas. Hoy, ir al cine y ver películas son, quizás, dos actos inversamente proporcionales: la gente mira cada vez más películas pero va cada vez menos al cine.

La proporción del espectador frente a los personajes, la distancia, la oscuridad. La cara de Marlon Brando inmensa o ¿del mismo tamaño que la nuestra? El acto colectivo versus el acto individual. Vestirse y salir o quedarse en casa en pijama. La postura corporal, en el cine miramos hacia arriba, admiramos. En la televisión o la computadora miramos a nuestra misma altura, con suerte, o hacia abajo. Nos achicamos, nos acostamos, la paramos para ir al baño, suena una bocina, el teléfono, entra el sol, “ay, qué hambre voy a cocinar algo”.

No se trata, como dijo Will Smith, de que las salas de cine y las plataformas digitales puedan coexistir, no se cuestiona que haya lugar para ambas maneras de ver una película. Está claro que hay lugar para todo. De lo que se trata, lo que defiende Pedro Almodóvar, es de proteger un espacio, una manera de mirar. Se trata de evitar que las ventanas de exhibición sean cada vez más chicas, que la televisión se coma a la pantalla grande y después venga el celular a comerse a la televisión y sal de ahí chivita, chivita.

Las películas y el cine no son lo mismo. Las películas se multiplican pero al cine necesitamos defenderlo con todas nuestras fuerzas porque si no se muere con “las cinéphilas”. Esa manera tan mágica de mirar una película: el cine. Ese lugar a donde ir cuando la gente joven esté ocupada con sus cosas; el día entero por delante, vacío; las piernas cansadas y la humedad que nos retuerce los huesos pero hay que salir porque a las cinco empieza. Nosotros también queremos tener un lugar a donde ir cuando seamos viejos.


(La columna salió ACA)

miércoles, 24 de mayo de 2017

Pierre Lemaitre sobre haber empezado a publicar a los 56 años:

Es cierto que empezar a publicar a los 56 años es tardío respecto de la norma. Ahora bien, detrás de esa pregunta está la concepción según la cual un escritor no se hace, se nace escritor. Es algo que heredamos del Romanticismo: la idea de que el talento es inmanente. Tuve una suerte extraordinaria: había enseñado literatura durante mucho tiempo. Pasé años explicando a mis estudiantes cómo leer entre líneas, cómo acelerar una escena, cómo mantener un ritmo. Y después de años de llenar así mi caja de herramientas, un día la abrí y pensé: bueno, yo también podría hacerlo. Eso me permitió no escribir nunca mi primer libro: pasé directo al segundo. Ese primer libro en el que uno suele volcar todo lo que trae, no lo necesité: tenía los recursos para contar una historia.

lunes, 22 de mayo de 2017

Faulkner cuando llegó a Hollywood:

"Ahí no adoran el dinero", dicen que dijo una vez. "Adoran la muerte". El dinero, parece decir este comentario, me lo esperaba. Este horror, no.



miércoles, 17 de mayo de 2017

Leila Guerriero sobre ser periodista:

Yo veo que vos u otros colegas míos hacen entrevistas, y noto que preguntan bien, que van como enfocados al punto. Yo no sé si soy así; voy más como planeando bajito, viendo dónde hago bajar el planeador.

Yo nunca podría publicar lo que converso con la gente en una entrevista pregunta-respuesta. Primero, porque narrativamente no me produce una seducción escribirlo. Después, porque mis preguntas son como medio bobas. Tipo, “¿qué hacías cuando tenías ocho años?” o, “¿dónde te sentabas en el colegio?".

El periodismo está basado en el arte de mirar, no de preguntar. Hay que saber volverse invisible; no darse autoimportancia a uno mismo por ser el creador de la obra.

Un periodista que no lee, es lo mismo que un carnicero a quien le da asco la carne.

sábado, 13 de mayo de 2017

Black out

No separaba la sed de las ganas de aturdirse. En todo caso, mi padre bebía para liquidarse, como yo. Primero para darse ánimo pero, enseguida, para perder la conciencia, calmando así cualquier angustia, mucho y rápido con su boca insaciable. Hasta el sopor y el sueño o el coma intermitente antes del horror de despertarse en la feroz lucidez del día. Bebo en exceso porque bebo con la boca de mi padre.

No llamaba para pedir ayuda sino para que todos fallaran en dármela.

En el hogar todo evoca -alimento, sueño- la reparación para el día siguiente; la presencia de los hijos indica la cadena viviente de la que, a la larga, uno saldrá expulsado. En el bar, en cambio, es posible el olvido de la finitud.

Yo, como todos, comencé a beber para encontrar placer y terminé bebiendo, como algunos, para no sufrir.

Cuando íbamos de vacaciones, llevábamos, como si se tratara de un escudo de armas, la tabla del inodoro. Si era imposible infiltrarla en un baño que no fuera el del cuarto del hotel, mi madre entraba conmigo, sacaba la botellita de alcohol y frotaba la tabla durante un tiempo que siempre parecía excesivo. En ocaciones también le prendía fuego. Usaba una dosis adecuada que no dejaba huellas. Era una verdadera experta. Esta es otra de mis ficciones del alcohol y con un sentido psicológico: si colocar alcohol entre el mundo y uno significaba protección y seguridad, yo tomé el mensaje al pie de la letra.

"Todo gran escritor propone o postula una forma de leer. Su propia escritura es esa forma de leer."

Cómo me gustaría, en lugar de esta angustia, tener un síntoma físico que me saque del mundo al hospital; entonces no sufriría así. Cuando duele la muela nadie está enamorado. Y el dolor de muelas desaparece si a uno le cortan la pierna. Sabiduría de los chistes populares.


(Fragmentos de "Black out", de María Moreno)