sábado, 18 de mayo de 2013

El próximo humano

¿Buscás algo?, le preguntó la vendedora. Frank miraba la pared hecha de decenas de desodorantes de distintos tamaños y marcas. No, nada; contestó sin sacar la mirada de los productos. Ah, no sabés lo que querés, murmuró la vieja con impunidad y se fue.

Al parecer, la conducta responde a una necesidad. Y Frank, además de un desodorante, necesita demasiadas cosas; no adquirir cosas, sino cambiar cosas. Esa es su necesidad. Y este cambio, el hecho de querer dejar atrás amigos, trabajo, casa, familia y su propia personalidad y reemplazar todo esto por algo nuevo que no sabe qué es ni dónde encontrarlo es como navegar en Internet sin poder usar palabras. Por eso le cuesta elegir un desodorante.

Frank pertenece a la generación Y, llamada así por ser sucesora de la generación X, a la que pertenece quien escribe esto. Al parecer la generación X es el comienzo de las generaciones alfabéticas que siguen con la Y y la Z y tendrá que pegar la vuelta para volver a empezar con la generación A, con el próximo humano.

La Y es la generación del milenio, gente como Frank que se hizo adulta con la llegada del año dos mil. En teoría son personas que ya no dan un valor moral al trabajo, que abusan de la tecnología y son demasiado astutos, los mensajes publicitarios les resbalan como los pies en piso de plástico mojado.

Quizás por eso Frank, frente a las cuarenta opciones de desodorantes piensa que debería googlear las diferencias entre antitranspirante y desodorante, las consecuencias físicas que podría ocasionar el bloqueo de los poros de la axila, el condicionamiento cultural de tener que comprar un producto que elimine un olor natural, el hecho de que en Francia prefieran no usarlo, si es mejor aerosol, barra, gel, talco o bolita, la historia de este producto que necesita y por eso tiene que comprarlo.

“El sudor humano apesta”, lee en Internet cuando  busca la definición de desodorante. Lo hace en su teléfono inteligente, en la farmacia, bajo la mirada indignada de la vendedora de otra generación sin letra, que se ha quedado al final de la góndola sin nada que hacer y mira a este hombre joven que, frente al sector de desodorantes masculinos, está jugando con su teléfono celular porque no sabe qué quiere. 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno. Quién es el autor y el libro?
Gracias por tu blog! te leo sempre.
Saludos desde Lisboa
Luciana

María dijo...

Hola Luciana,
Este texto lo escribí yo. Me alegro de que te haya gustado y de que te guste el blog.
Muchas gracias,
Saludos

Miguel Aguilera dijo...

Un guiño ;-)

María dijo...

Gracias, Miguel...

Anónimo dijo...

gracias por la respuesta y por el texto!
:-)