sábado, 2 de mayo de 2015

La mujer rota

La tristeza, uno puede llorarla. Pero la impaciencia de la alegría no es fácil de conjurar.

En otros tiempos no me inquietaba por los ancianos; los tomaba por muertos cuyas piernas aún caminaban; ahora los veo: hombres, mujeres, apenas un poco más viejos que yo.

La perpetua juventud del mundo me corta el aliento. Cosas que amaba han desaparecido

Esa relación íntima, casi tierna, que antes tenía con mi ropa ha desaparecido.

Menos me reconozco en mi cuerpo, más obligada me siento a ocuparme de él. Está a mi cargo y lo cuido con una dedicación aburrida, como a un viejo amigo poco favorecido, algo disminuido que tuviera necesidad de mi.

El teléfono no acerca, confirma las distancias.

Lo desolador, cuando uno envejece, no está en las cosas sino en uno mismo.

Está por caer la noche pero todavía está tibio. Es uno de esos instantes conmovedores en que la tierra está tan de acuerdo con los hombres que parece imposible que todos no sean felices.

Jamás comprendemos los amores de los otros.

(Fragmentos de "La mujer rota", de Simone De Beauvoir)

7 comentarios:

shalakocine dijo...

HOla María,llegué a tu blog buscando citas de Hayes y me encontré con galeano, Zambra y un montón de muchachos que en realidad están hablando de vos. Gracias por compartir.

shalakocine dijo...

ENERC, Letras, Publicidad, sos yo?

María dijo...

Hola Shalakocine, qué tal?

No sos vos, soy yo. jajaja.
No creo ser vos, no aún por lo menos.

Qué bueno que llegaste al blog.

Te parece que ellos hablan de mí? Supongo que un poco sí, por eso están acá, porque dijeron/escribieron/filmaron algo que quiero guardar conmigo. Y compartirlo con el mundo.

Saludos y gracias por los comentarios.

shalakocine dijo...

También amo compartir lo que me surca y define, es como compartir la fe. Y perdón por la irrupción intempestiva en los pagos de Simone, empecé a leer este texto hace poquito.

Juan Jesús colocó la tarjeta en el teléfono y marcó
el número de Nuria. Escuchó su voz en la contestadora,
el tono fresco y optimista con que la
conoció, aunque en el fondo sólo conocemos
optimistas, ¿quién anuncia sus miserias desde el
primer encuentro? No dejó mensaje.
Recordó los días en que ella perdonaba sus retrasos épicos,
sus olvidos (las llaves dentro del auto, el paraguas en la fiesta de
ayer), su cartera sin billetes ni tarjetas de crédito en el restorán
agradable pero algo pretencioso, escogido por él para halagarla.
Nuria mitigó el nerviosismo con su disposición a ignorar
los desastres menores creados por Juan Jesús, a sentirse bien en
la primera o la última fila del cine. Tal vez se dejó llevar por las
esperanzas del principio y las imprecisas virtudes atribuibles a
un desconocido, o tal vez advirtió sus altibajos desde entonces
y decidió ignorarlos.

Juan villoro, Llamadas de Ámsterdam, Interzona, Buenos Aires, 2007

Diego Medina dijo...

Antonio Di Benedetto? Julián Lópe(una muchacha muy bella)?

Diego Medina dijo...

Perdón soy el mismo shalakocine, cambié de pc, y digo copado con tu blog!
saludos!

María dijo...

Hola Diego,

Leí una muchacha muy bella, me gustó.

De Di Benedetto leí "los suicidas" y recuerdo que me gustó mucho.

Me alegro de que te guste el blog!

Saludos