jueves, 31 de octubre de 2013

Memorias de una viuda

Como amamos a nuestros padres, los incorporamos a nosotros. Viven en nosotros. Durante mucho tiempo pensé que no iba a poder vivir sin papá y mamá, que no iba a soportar "sobrevivirlos", porque no me parecía posible ser una hija sin padres.

Y en todas partes, el olor de la melancolía, que es el olor real de la memoria.

La viuda es alguien que ha descubierto que no hay otra opción.

La viudedad es el castigo por haber sido esposa. Cuando una se apunta a ser esposa, se apunta a ser un día viuda quizás. Cuando una se apunta a ser escritora, se apunta a todas y cada una de las reacciones de su trabajo.

Somos adictos al lenguaje porque nos proporciona cordura...

Dentro del coche, existe una especie de tierra de nadie en caída libre en la que uno no está aquí ni allí sino en tránsito. Si lloro mientras conduzco, para cuando llego a mi destino he terminado de llorar, estoy bien.

Los gatos me echan la culpa, lo sé. El reproche animal no deja de ser palpable porque sea mudo e ilógico.

Una realidad de la vida de la viuda: todas las cosas son igual de profundas y todas las cosas son igual de triviales, superfluas, vanas. Porque todos los actos -acciones, "actividades"- son para la viuda alternativas al suicidio y, por tanto, de más o menos igual importancia.

No sirve de nada estar enfadada, como no sirve de nada estar destrozada; llorar es una reacción tan razonable como cualquier otra, e igual de inútil.

Ralph Waldo Emerson comentó sabiamente que "un hombre es lo que está pensando todo el día".

Pronto tendré un nombre para esos lugares. Sumideros. Unos sitios cargados de recuerdos viscerales, que me provocan terror al acercarme. (...) En el sumidero, el tiempo no avanza. En el sumidero es siempre ese instante.

Qué terrible, el sonido de mi nombre. En esos momentos. Porque ser Joyce es, por definición, ser esa que nadie quiere ser.

Cuando una persona está sujeta a medicación psicotrópica, siempre está intentando pensar, intentando atravesar una pantalla, como un pájaro desesperado por atravesar una pared.

Retorcidos y doblados como las raíces de un árbol gigantesco: así son los recovecos del amor familiar.

La verdad es esta: para ser escritor, uno tiene que ser lo suficientemente fuerte como para escribir. Tiene que poseer fuerza emocional y tiene que poseer fuerza física.

Janette me lleva en su coche a un acto. Janette habla conmigo como suelen confiar una en otra las mujeres que no tienen mucho tiempo para estar juntas: hay que decir cosas importantes, y deprisa.

Cuando Ray vivía, incluso cuando no estaba conmigo, nunca estaba sola; ahora que Ray ha muerto, incluso cuando estoy con otra gente, una multitud de otras personas, nunca estoy no sola.

Para la viuda, todas las esposas son futuras viudas.

Siempre pensaba: ¿y si el avión se estrella? Entonces no volveré a ver a Ray. Pero ahora no tengo que preocuparme más por aviones que se estrellan. No me preocupo en absoluto.

Es así, uno siempre piensa que la muerte está en otra parte. Aunque la muerte puede ser inminente, es inminente en otra parte.

¿Quién sabe qué es peor? Perder a un marido porque ha muerto, o perder a un marido porque ha decidido irse con otra mujer? 

Aunque estoy escribiendo estas memorias para ver con el máximo detalle posible cómo desentrañar el fenómeno del "duelo", ya no estoy convencida de que la pena tenga en sí ningún valor intrínseco; o pienso que, si lo tiene, si de la experiencia de una pérdida terrible se extrae sabiduría, es una sabiduría sin la que se puede vivir muy bien.

3 comentarios:

Nausica dijo...

"Dentro del coche, existe una especie de tierra de nadie en caída libre en la que uno no está aquí ni allí sino en tránsito. Si lloro mientras conduzco, para cuando llego a mi destino he terminado de llorar, estoy bien"

Pensar en la importancia de la transitoriedad. Me gustó mucho.

Te mando un beso!
Lau

María dijo...

Hola Lau,

Me alegro de que te haya gustado. Joyce Carol Oates escribe maravillosamente. Te la recomiendo mucho.

Un beso.

Nausica dijo...

Me la anoto para próximas lecturas entonces.
Cómo me gusta este espacio!
Besos